
La empresa donde trabajo es joven, somos pocos los que tenemos hijos, y siempre, lamentablemente, estamos explicando nuestras penurias, somos monotemáticos, pesados y aburridos:
- No he pegado ojo, Pau no respira por la nariz, ronca y parece que se va a ahogar, es tan angustioso que no puedo dormir.
- Pues al Lluis ya le he empezado a dar el VentolÃn porque está de nuevo con el asma y el pobre está fatal.
- Lo llevaremos la semana que viene al otorrino y le quitarán los carnots, le pondrán drenajes e igual también le quitan las amÃgdalas (la fimosis la dejamos para más adelante…
Los potenciales futuros padrés te miran entre lastimeros y acongojados, asà que, automáticamente, dices:
- Pero claro, al final te compensa…
¿Qué es lo que te compensa? A veces cuesta explicar, pero ayer tuve una experiencia que sirve de ejemplo. Después del trabajo tenÃa una revisión médica, asà que llegué tarde a casa, las ocho, todo el dÃa sin ver a Pau. Fui corriendo a donde estaba jugando, me agaché para abrazarlo, y recibÃ… un bofetón. Con toda la mano. Me quedé tieso. Al momento quiso arreglarlo con sus tretas: “caricies, caricies” mientras me acariciaba la cara.
“Sólo tiene dos años, es un juego”, pensé, para conformarme.
Después de cenar lo levanté para llevarlo a la cama, y al cogerlo en brazos, con una gran sonrisa en la cara, se abrazó con fuerza a mi cuello, apretando su mejilla contra la mÃa… el mundo se detuvo por un instante, porque el amor no se puede expresar, pero se puede sentir, y lo ocupa todo. Maravilloso.
Pau me habÃa perdonado por haberlo “abandonado” todo el dÃa, y a mi se me olvidaron todos los malos momentos. Todos.
Al final compensa.