Derechos de padre

Hacía tiempo que había leído esta anotacion en Reinventando mi vida (un blog superinteresante, por cierto) y tenía pendiente comentarlo porque me ha parecido muy interesante la reflexión “¿Qué derecho tenemos los padres para decidir el futuro de los hijos?”

Cuando yo era pequeño se me daban mal los deportes, sobre todo lo que tuviera una pelota de por medio; era muy deprimente, el típico niño gordete y con gafas que siempre lo escogen el último cuando se montaban los equipos para jugar al fútbol. Cuando tocaba en clase de gimnasia saltar al potro, hacer la vertical u otras cosas por el estilo, el espectáculo era bochornoso, siempre me estampaba contra el suelo y acababa sin respiración.

Cuando nació Pau tenía muy claro que mi hijo iba a ser un deportista, que lo iba a apuntar a la escuela de fútbol, a natación… no quería que se sintiera excluido o sufriera lo que yo sufrí.

Pau empezó a levantar la cabeza muy tarde, nunca quiso gatear, tardó un montón en poderse incorporar del suelo, y ahora, cada vez que intenta chutar una pelota la pisa y se cae de culo. Por el contrario le encanta dibujar.

Con nuestros hijos volvemos a revivir muchos episodios de nuestra vida, y nos crean una fantasía de poder mejorar o resolver algunos traumas o conflictos no superados. Pero son otras personas, y hemos de ser capaces de poner una distancia y permitirles desarrollarse plenamente. No los atemos con nuestros nudos mentales.

3 Responses to “Derechos de padre”

  1. VASP Says:

    !Ja, ja! Esto que cuentas me es bastante familiar. Mi experiencia con el fútbol en el colegio es calcada a la tuya y, verdaderamente, se te pasa por la cabeza la idea de “encauzar” los pasos de tu hijo por el camino que uno no pudo recorrer. En cierto modo supongo que es una reacción lógica. Si algo te hizo daño a ti, lo último que deseas es que se lo haga a tu hijo.

    Yo no soy padre todavía así que tan sólo puedo ofrecer la perspectiva como hijo. Doy fe de que, en su momento, mis padres se desgañitaron para que estudiara y yo, cabezón, dejé la carrera y me puse a trabajar.

    Siete años después volví a estudiar y tras tres años más de jornadas interminables compaginando trabajo y clases, acabé la carrera y encontré un trabajo acorde con mi titulación.

    ¿Debí hacerles caso en su día? Desde luego para mi hubiera sido todo más fácil, pues hubiera llegado al mismo sitio mucho antes…Pero lo que tengo que agradecerles hoy es que tras ver que no había nada que hacer conmigo, respetaron que siguiera mi propio camino.

    Saludos!

  2. pobrepapa Says:

    Gracias por tu comentario, creo que ejemplifica muy bien el tema. Creo que es mucho más util dar a los hijos recursos para que sean capaces de desenvolverse con eficacia que en indicarles una camino del que no pueden salir. Es como el cuento de la caperucita: si la de rojo le hubiera hecho caso a su mamá hubiera llegado sin problemas a casa de la abuela, pero la experiencia no habría sido ni la mitad de enriquecedora ;)

  3. Teresa Says:

    Tengo una hija de 5 años, que es un encanto, pero también es lo que se da en llamar ‘un niño difícil’ y he aprendido a base de tortas, llantos, y desesperación que los niños - TODOS, NUESTROS HIJOS TAMBIÉN - son otras personas completamente independientes y diferentes de nosotros.
    Pueden parecerse, tener rasgos de caracter similares, pecas en los mismos sitios… pero son otra persona, no les sirven nuestras experiencias, ni les motivan las mismas cosas ni tienen los mismos gustos ni…..

    Es duro, pero es así. Y por otro lado, qué bien que así sea!!!

    Besos

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