Sólo ante el peligro

Lo peor de la operación de Pau fue el momento en que se lo llevaron en la camilla y nos quedamos en el ascensor despidiéndolo. Nos miraba extrañado, no entendía por qué no lo acompañábamos y lo dejábamos con toda aquella extraña gente de verde; pero se portó muy bien, según nos dijo el cirujano, aguantó el tipo hasta el momento de ponerle la mascarilla para aplicarle la anestesia, en que rompió a llorar y gritar asustado. Por suerte la anestesia actúa rápido y cuando empezó a despertar lo trajeron enseguida a los brazos de la mamá para consolarlo. Le dieron un calmante, así que después del llanto se quedó durmiendo, algo intranquilo.

La operación es sencilla, pero el hecho de que la anestesia sea general siempre implica algún riesgo, por lo que se agradece que en media hora el cirujano venga a tranquilizarte. Por otro lado la recuperación es increible, la misma noche ya se comportaba como si no hubiera pasado nada, todo vitalidad.

¡Prueba superada!

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