Ten los hijos joven…

Mi madre siempre ha tenido claro que los hijos se deben tener siendo joven: “Un niño pequeño da mucha guerra; si eres un viejo no podrás tirarte por el suelo para jugar con él, ni tampoco tendrás ganas de hacerlo”. Bueno, como para mi madre ser un padre viejo es lo que soy yo (treinta y cuatro tacos) ahora entiendo sus argumentos, pero sólo le doy la razón en parte: sí que quiero tirarme por el suelo para jugar con Pau, pero luego… ¿quién me ayuda a mi a levantarme?

Me paso el día sentado delante del ordenador, he dejado el gimnasio, y desde que mi mujer se quedó embarazada y nos relajamos con la “dieta equilibrada” he engordado diez kilos (sí, ¡10!). Total, que estoy hecho una piltrafa y llevo todo el invierno con las lumbares dando la lata, y estar pendiente de un personaje hiperactivo que no levanta un metro del suelo no me beneficia lo más mínimo; ¿álguien conoce alguna manera de sacar a un niño de trece kilos de la cuna sin forzar la columna?

La gordura no implica rigidez

Tengo pánico a un ataque de lumbago y quedarme clavado estándo sólo en casa con Pau. Imagino una escena de terror: yo tirado en el suelo del comedor, inmóvil, como un muñeco roto, intentando mantener la calma mientras el pipiolo campa libremente por la casa “Pau, cariño, no juegues con el cuchillo jamonero que te vas a hacer pupa” o “Pau, la puerta de la calle no se abre, ¡vuelve!”. Inquietante, ¿no?

En definitiva, a los que pensáis en un futuro cercano ser papás, seguid el sabio consejo de mi madre y no esperéis demasiado.

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