¡Yo soy la autoridad!

Ahora que Pau ha cumplido 22 meses puedo decir que hemos pasado una de las peores etapas desde que somos papás: la tiranía del bebé. Mucha gente nos había advertido de los problemas del sueño, de los mocos, de muchas cosas… pero no de tener un demonio en casa.

Mi mujer, que es psicóloga, se dio por vencida rápidamente e iba llorando por los rincones “¿qué hemos hecho mal? ¿por qué es tan malo? ¿es hiperactivo? ¿por qué…? “ y es que la pobre no estaba mentalizada (ni yo tampoco, lo reconozco) para comprobar la capacidad destructiva de un ser tan pequeño: paredes, sillones, mesa, ordenador, puertas, gato… todo ha sido sistemáticamente aporreado con los más heterogéneos objetos que unas manos minúsculas pueden agarrar. Eso sin contar las dotes artísticas con los “colorins” y la intención de Pau de hacer una “performance” sobre los personajes de la tele, en directo, digno de ver.

En el dormir, que nunca ha sido su fuerte, también el cambio fue a peor, y volvimos a las largas noches en vela, con la diferencia de que ahora Pau podía incorporarse y gritar con todas las fuerzas “¡MAMA, ¿QUÉ?, MAMA, ¿QUÉ?, MAMA, ¿QUÉ?!” (él mismo se respondía, totalmente rayante).

Llegamos a la conclusión de que para Pau la vida merece ser vivida con intensidad, y eso se consigue más fácilmente siendo malo que bueno, ya que obtiene más respuesta de los adultos. Entre estar sentadito tranquilamente viendo el Baby Einstein y corriendo por la casa con dos adultos furibundos gritando y gesticulando… pues no hay color, no nos engañemos.

Lo peor es que, por mucho que quieras verlo como algo normal, acabas con la paciencia agotada, y entonces lo sufres como un profundo desagradecimiento: “con todo lo que te queremos, con todo nuestro amor, nuestras atenciones… ¿así nos lo pagas?” ¡Alto! Es ahí cuando toca respirar hondo, repetirse mil veces “es una etapa, esto pasará” y armarse de paciencia.

Creo que, sobre todo, es importante que el niño reciba un mensaje coherente; no frustrarlo continuamente pero tampoco ceder en cosas importantes (ponerse de pie en el sillón, abrir el cajón de las herramientas, traerlo a nuestra cama, etc.) y prever los peligros y tomar medidas (protectores en los enchufes, subir los objetos frágiles, bloquear puertas y cajones, etc.).

Aunque parezca mentira, es una etapa que pasa, y nos dimos cuenta el pasado viernes por la noche, eran las cuatro de la mañana y su madre no conseguía que volviera a dormir, todo el rato protestando, hasta que finalmente me levanté, y al entrar en su habitación, sin decir ni pío, el solito se tumbó, se puso de lado y cerró los ojos, y a los dos minutos dormía placidamente. Su madre recogió las bragas del suelo y me dijo:

-Está claro que tú eres el padre, ¿no?

Eso significa que yo soy la figura de autoridad. Y creo que para Pau esa figura es importante y me hace sentir satisfecho de asumir ese papel sin renunciar al cariño, a la ternura, sin caer en el grito fácil o el cachete. ¡Un 10 para mí!

Ahora llevamos dos noches que duerme de un tirón, y por el día es travieso y movido, como le corresponde a un niño de 22 meses, pero simpático y divertido, contagiándote el entusiasmo y las ganas de vivir. No se cuanto tiempo durará este descanso, pero en la próxima mala racha volveré a repetirme “es una etapa, esto pasará…”

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