Diez cosas que aseguré que nunca haría con mi hijo
Antes de ser papá valoraba con mi mujer muchas de las cosas que veíamos y no nos gustaban de familias cercanas con niños pequeños; teníamos el convencimiento de que nosotros lo podríamos hacer mejor ¡qué ilusos que éramos!
Esta es la lista de las diez cosas que pensé que nunca haría con mi hijo y que, obviamente, no he podido mantener:
- Contar con los abuelos para cuidar a Pau todos los días.
Pensaba que dejar a mi hijo con los abuelos sería algo excepcional. - Gritarle y perder la paciencia.
¿Cómo se pueden perder los nervios con un niño tan pequeño? - Entretenerlo con la televisión.
Con los niños se ha de jugar, nunca aparcarlos delante de la televisión. - Darle antibióticos, ventolín y otros remedios.
En esto sí que era iluso, pensaba que mi hijo iba a ser el más sano del mundo y que nunca iba a necesitar darle estos tratamientos tan fuertes… - Darle de comer precocinados (varitas de merluza, frankfurt, etc.).
Mi hijo, obviamente, disfrutaría de una dieta sana y equilibrada, aunque no contaba con que fuera a rechazar sistemáticamente casi todos los alimentos nuevos. - Quedarme en casa y no salir de excursión o de compras.
Pensaba que podía ir con mi hijo a todas partes, abrigándolo bien y demás… - Dejarlo llorar
Esto ha sido una de las cosas más difíciles porque no puedes dejar de sentirte miserable cuando lo haces - Hablar única y exclusivamente de mi hijo con todo el mundo
¿Cómo, acaso no hay más temas de conversación? - Cambiar las cosas de sitio, pegar las puertas y cajones con celo, quitar las cosas de su alcance…
A los niños hay que enseñarles a que no deben tocar las cosas de los mayores… - Desear un respiro de mi propio hijo
Algo que un buen padre nunca reconocería, una tregua de esto de la paternidad ¡aunque sean unas horas!
Creo que los papás que lean esta lista entenderán perfectamente las razones por las que no he podido mantener estas cosas, ya he dicho que era un iluso.
Abril 17th, 2007 at 19:10:59
[…] P.D. Ya hemos hecho la preinscripción para P-3, en primera opción un colegio de monjas (algo más para añadir a aquella lista de cosas que aseguré que nunca haría con mi hijo…) y encima a esperar la lotería de que nos toque y no nos lo envíen vete tú a saber dónde. […]